viernes, 23 de mayo de 2014

TIEMPOS TURBULENTOS




Estábamos todos rodeando al abuelo frente al hogar. Nuestros oídos no alcanzaban a captar
tantas palabras ocultas. nos preguntábamos cómo pudo sobrevivir a ésa guerra cruel. Cómo, ése ser que teníamos al frente, enjuto, frágil, sin fuerzas, lo consiguió.

Trabajó desde los doce años y a los diez y seis, partió a la guerra.
Sobrevivir en la selva, tratando de no perder la senda, que se asemejaba a un hilo, como
el que los compañeros combatientes le habían arrojado de norte a sur para que no perdiese
el rumbo.

A veces oculto bajo la hojarasca. O reaparecía serpenteando, bajo la luz de la luna que
asomaba por segundos atrapada en lo alto del follaje.

Luz y sombra, hombre reptando. El abdomen dolía, los muslos ya no eran tales, dos huesos
largos y flacos que servían para apoyar las rodillas descarnadas.

Los ruidos y gritos de los animales en el medio del follaje, lo volvían loco produciéndole
un miedo atroz. Sabe que está solo.

La sed lo desespera, la boca seca,  las tripas ardiendo. Sí, tiene mucha sed, desfallece.
Duerme y sueña con el sonido del agua, sintiendo que corre y corre.

Cuando despierta está cubierto de hormigas. tiene sed, hambre, miedo.

Está definitivamente perdido...Pero sigue su instinto, que lo lleva al sur. Vislumbra que allí
se encuentra el agua. No puede equivocarse, en ello se le va la vida.

Se va a morir por nada, por una guerra inútil, ficticia, que no es suya. Se aferra al hilo, lo
siente cada vez más húmedo.

Por fin llega en un último suspiro a la cascada. Mojarse la cara, los labios, sentir el agua
suave, dulce que moja su lengua y baja hasta la garganta. El agua corre sobre su piel reseca,
sus huesos partidos.
No soporta la resolana y se hunde en un letargo de muerte.

Siente a lo lejos, muy lejos, que alguien lo llama. Lo arrastra, lo lleva a su choza, cura sus
heridas, le da de comer. quien lo rescata lo acerca a una chacra donde le dan trabajo y conoce a Ofelia,  siente el amor, es feliz.

Todos estábamos conmovidos por su confesión. Sus ojos al principio vacíos se tornaron acuosos.

Ahora tenía que volver a encontrar el hilo en ése sendero que le señaló la vida. El hilo se
ocultaba bajo la hojarasca unido con Ofelia.

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