Pasaron los años y regreso a la misma calle de tierra, sin salida. Con sus pozos, sus jacarandaes, sus raíces destrozan la vereda, sus flores violáceas esparcidas sobre el polvo.
Sus casas, sólo ocho, siguen intactas, con los mismos colores, los mismos techos.
Increíble, han transcurrido tres décadas.
Porqué nadie cambió los frentes. Los muros están mohosos, oscuros, se quedaron en el tiempo.
Nadie se mudó, algunos murieron y ya no hay risas de niño jugando en la calle.
Sólo se oye la protesta como siempre del vecino de enfrente que exclama ¡Qué tierra! ¡Qué barbaridad! estoy harto del pasaje. Mientras manguerea la vereda y riega la calle que silenciosa que bebe sedienta.
Me asombra la primavera. Llego y veo todo florido, los pájaros cantan y es un estar en la ciudad y a la vez en el campo.
Y hoy,camino a mi casa, igual que antaño. Me pregunto hasta cuándo seguiré aquí, será que la casa me atrapa y no puedo escapar? Qué será de mi vida?
De cierto sé que siguen los mismos vecinos...lo incierto es que no sé si soy yo o la otra
que deambula dolorosa.