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viernes, 23 de mayo de 2014

PENUMBRAS





Ahora estaba en el balcón, su lugar preferido, esperando el atardecer.
Sólo el paisaje y ella. Se escuchaba el sonar del río descendiendo entre las piedras que viajan en dulce algarabía y trae pequeñas ramitas que se iban quedando aprisionadas.
El agua clara comenzó a tornarse turbia.


El cielo se coloreó de un gris plomizo y las nubes parecían no querer descender. Unas
ráfagas comenzaron a jugar entre los árboles y se tornaron cada vez más frías.

Se escuchaba a los teros en los últimos vuelos del día. Siempre le había gustado
verlos y sentir sus graznidos. La llevaban a regiones remotas de su infancia, a su casa
paterna donde eran los vigías permanentes.

todo se iba silenciando. Era la hora de la oración, del misterio de la vida, la rueda que gira noche y día.

Se preguntaba qué viene después de tanta ausencia, de tanto dolor... Para qué vivir? 
Qué espera uno para sí y para los que ama?

La lluvia no se hizo esperar y sus pensamientos quedaron truncos por el trueno ensordecedor.
El viento arrasaba los ligustros plantados con amor. Su lugar se inundó y tuvo que refugiarse.

Todo quedó en penumbras y sólo para ver su ser, su rostro grabado con sus íntimas preguntas, estériles, muertas, quiso quedarse en medio de la nada.